Para los niños es fundamental aprender sobre sus preferencias y sus límites. El proceso de aprendizaje sobre cómo vincularse con los demás, no es muy distinto a aprender a caminar o a leer. Por lo tanto, los niños tienen derecho a que sus ritmos sean respetados y a saber que pueden expresarse, elegir de qué forma prefieren vincularse con los adultos y también con otros niños.
A los mayores nadie podría o debería obligarnos a besar o abrazar a alguien si no queremos. El mismo respeto merecen los niños.
El rol de los adultos es cuidar y alentar a que ellos vayan encontrando su “medida justa” o su estilo, en cómo se vinculan, con quiénes, y cuándo. Por lo tanto, los padres pueden proponerles un abanico de posibilidades, por ejemplo, sólo decir hola con la manito o a dar abrazos cuando así lo sientan.
Los niños tienen derecho a decir “no”, a expresar su bienestar o malestar. Esto último es una gran protección y algo que ayudará a su autoestima y confianza.
Es importante que nos acostumbremos a preguntar a los niños ¿cómo prefieres saludar?, ¿puedo darte un abrazo?, ¿quieres hablar?, y validar tanto los ‘sí’ como los ‘no’.
Tomado del libro “Mi cuerpo es un regalo” de Vinka Jackson
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