
Todos tenemos una cesta en la que hemos guardado las necesidades que no fueron satisfechas en nuestra infancia.
Normalmente estas necesidades son inconscientes y al intimar con alguien, aparecen en forma de expectativas: quiero que siempre estés dispuest@ para mí y/o que me des todo el espacio que necesito.
Nuestro niño interno cree que el amor es que estas expectativas sean satisfechas y que el otro tiene que satisfacerlas.
Y así,nuestra pareja se convierte en una proyección del papá o mamá que nunca tuvimos y de que deseamos con desesperación.
Pero las expectativas actúan como un repelente: nuestra pareja se siente exigida y se aleja.
– Alberto Martín-Loeches –
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