La naturaleza primaria del ser humano es estar abierto a la vida y al amor.
El conservarse protegido, broquelado en una armadura, desconfiado y aislado es la segunda naturaleza de nuestra cultura.
Adoptamos ese procedimiento para defendernos de todo daño; pero, cuando estas actitudes se hacen caracterológicas o se estructuran en la personalidad, constituyen un daño más grave y perjudican e imposibilitan más al individuo que el daño que tratan de evitar.
La terapia bioenergética se propone ayudar al individuo a abrir su corazón a la vida y al amor. No es tarea fácil, por cierto. Porque el corazón está bien protegido en jaula ósea, y con fuertes defensas sicológicas y físicas.
Es preciso entender y trabajar sobre esas defensas para lograr nuestra meta. Pero si no las alcanzamos, el resultado es fabuloso, nos abrimos a la aventura de vivir.
Alexander Lowen.
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