Carl Jung decía que en la primera mitad de la vida es para construir el Yo. Un Yo separado de los condicionamiento familiares y culturales. De forma que en la mitad de la vida uno ya decida sobre sí mismo.
Muchos seres humanos no llegan nunca a esta madurez. Muchos no llegan a afirmarse en el mundo y ser quienes vinieron a ser. Sino que acaban siendo lo que los otros esperan de ellos.
Esto no sucede por sí solo, sino que solemos necesitar alguien que nos guie, que nos ayude a conectar con nuestra verdad, con nuestro deseo. Alguien que nos invite a descubrir nuestro propósito en la vida.
Hay preguntas que catalizan este camino. Preguntas que me he ido encontrándome en mi práctica como terapeuta. Preguntas que solo pueden plantearse en el momento oportuno…
¿Qué harías, quién serías si no sintieras miedo de fracasar?
¿Cuándo dejaste de cantar y de bailar?
¿Qué dirían los demás si les preguntásemos por tus dones y talentos?
¿Qué trabajo harías una y otra vez sin cansarte aunque no te pagasen?
Alberto Martín-Loeches