Por qué hago terapia de grupo, una práctica contracultural

Llevo años participando en grupos porque, según mi experiencia, es lo más potente que hay.
Es lo que más me ha impactado y lo que más me ha ayudado a salir de mis patrones negativos.

El trabajo grupal es un viaje de autodescubrimiento donde somos desafiados a salir de nuestra mecanicidad … donde probamos a salir de la zona de confort y practicar de verdad esto de volver al aquí y el ahora.

En nuestro grupo no solo trabajaremos a nivel psicológico, sino que entraremos profundamente al cuerpo, para ir disolviendo bloqueos y liberando traumas. El trabajo corporal es fundamental para conectar con nuestra verdad emocional, con nuestra energía vital para así salir de la apatía que nos impone el sistema dormido donde vivimos.

El grupo nos ofrece el marco ideal para trabajar con nuestras relaciones personales porque a través de múltiples dinámicas iremos explorando como nos movemos en el mundo y practicando otras formas más sanas y enriquecedoras de comunicarnos con más intimidad, honestidad y aceptación.

Todo el rato nos enfocaremos en practicar el cultivo de la presencia, la responsabilidad. Así conseguiremos ser más maduros y amorosos.
Iremos aprendiendo a expresarnos con más honestidad y claridad y a protegernos cuando es necesario.
Es un entrenamiento para poder comunicar nuestros sentimientos y necesidades de manera directa y para probar nuevos comportamientos y ver cómo responden los demás.

Otro eje esencial que guía nuestro trabajo es el ir abriéndonos a nuestras emociones… siempre poco a poco, sin forzar…
Trabajaremos en reconocerlas y expresarlas porque todos sabemos que no hacerlo es lo que nos quita autoestima y la vitalidad.
También entrenaremos el sostenerlas para coger una buena consistencia interna y así poder vivir lo que nos toque vivir.

Para acabar, decir que el grupo no solo es un espacio de trabajo, sino también de descanso donde poder compartirnos, descansar y ser cuidados por los demás.
Con este amorcito que iremos generando podremos vivir experiencias emocionales reparadoras de viejas heridas y traumas.

Alberto Martín-Loeches